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"Todos los hombres de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas tendrán aquí cabida"

 

(Discurso fundacional, JOSÉ LUIS GALLEGOS)

 

Ascenso del Sevilla F.C. en la temporada 1968/1969

 

Sevilla F.C. ¿se puede ser de otro equipo?

 

Hay excursiones que no se te olvidan, porque eso era, una excursión, domingo sí, domingo no, el tránsito desde los Pajaritos, pasando por la fábrica de contadores, dejando a la derecha el campo (hoy Polígono Industrial de la Carretera Amarilla) y enfilando la carretera de Málaga, empezando el cosquilleo a subir de intensidad cuando en lontananza veías el humo del Templo de la Cebada y, un poco más allá, el templete de la Cruz del Campo, entrabas en un mundo paralelo, el del Sevilla F.C. Banderas, gorras de tela con viseras de plástico, camisetas blancas con el corazón cosido, más tarde vendrían los de corchete, los pegados a base de planchazos, los estampados, las marcas…, pero aquellas camisetas blancas, impolutas, de cuellos a la caja y puños gruesos y con relieves, aquéllas digo, fueron las primeras.

Aún no entendías eso de las divisiones, Primera, Segunda (aún hoy lo sigues sin entender), sólo sabías que al final de la excursión, todos aquellos que te rodeaban se reunirían en torno a un sentimiento disfrazado de once blancos gladiadores, con una pequeña seña de identidad particular, ¡una vuelta roja en las medias blancas! Mirabas con el entusiasmo desbordado y veías a tus más queridos, el abuelo, papá, el tito Rafael, el tito Enrique, el tito Juan, el primo Juan Manuel, Juan Armesto, Alfonso, años más tarde se uniría tu hermano Juan Antonio; escuchabas extasiado un bombo, unas palmas por sevillanas, gritos, lamentos y el momento sublime ¡¡¡GOOOL!!! Ahí los mayores sacaban algo de los bolsillos de las chaquetas, el puro, aquél que habían reservado para tan mágico momento, lo abrían con mimo, ejecutaban con primor el ritual fundamental del corte, lo encendían en llamaradas secas de cerillas de palo con pacientes giros progresivos, lo paladeaban en aspiraciones suntuosas, entonces veías en sus ojos la felicidad suprema como nunca antes lo habías notado. ¡¡¡Sevilla!!!, ¡¡¡Sevilla!!!, entraba por tus sentidos hasta el último rincón de tu alma y se escapaba por los vellos que lo querían agarrar desesperadamente.

Con el tiempo supiste que aquel lugar era un campo de fútbol, pero no uno cualquiera, era el Ramón Sánchez-Pizjuán, Bombonera de Nervión, que aquellos gladiadores blancos, con sus medias blancas con vuelta roja, eran jugadores de fútbol, pero no unos cualquiera, eran jugadores del Sevilla F.C., y que aquellos que jaleaban eran aficionados al fútbol, pero no unos cualquiera, eran aficionados del Sevilla F.C., y no sólo eso, entendiste que tú eras uno de ellos, un sevillista, y el ego se hacía inmenso; aquél lugar donde te situabas fue el lugar donde surgió (¿será el mismo bombo?) la Peña más animosa y entusiasta del Sevilla F.C., el Gol Norte de Nervión.

Que aquel equipo había sido campeón, te enorgullecía, pero no incrementaba tu sensación de pertenecer a la élite, de pertenecer al mejor equipo del mundo, aunque te ilusionabas con, algún día, sentir algo parecido a lo que te contaban, de vivirlo, de sentirlo.

Los años pasaron, vestiste sus colores, defendiste su escudo, avatares de tristezas y alegrías, algunos se fueron y ahí siguen, otros vinieron nuevos a tu mundo sevillista, tu suegro Miguel, tu sobrino Miguel Ángel, tu amigo, que palabra más grande, mucho a cambio de nada, José Antonio, una Peña que se iguala y supera a aquella primigenia, SevillaGrande, tuviste la oportunidad de sentirte Campeón, y aquella sensación de bienestar y bien hallarse, aquella piel que intenta escapar, ese cosquilleo de la primera vez, sigue siendo el mismo, ni menor ni mayor, exactamente el mismo. Y en tu interior resuena un eco imperturbable ¡¡¡Sevilla!!!, ¡¡¡Sevilla!!! Y te giras y todavía hay alguien que enciende un puro y lo disfruta y tú piensas ¿ha cambiado algo?, todo se renueva, todo se transforma, pero todo sigue igual y te preguntas sin responderte, porque la respuesta es única y siempre la misma, ¿se puede ser de otro equipo?

Y la historia sigue, se escribe, se cuenta, se vive, pero toda historia tiene un comienzo y ¡ay de aquel que desconoce su historia!, porque no sabrá a quién debe la propia.

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